El amor no tiene dueño.

Se escuchó el tronar del pestillo de la puerta, casi como si alguien hubiera hecho un disparo en esa pequeña habitación. Leonardo, con el rostro a medio enjuague, volteó para ver qué había ocurrido.

– ¿Quién es? – preguntó, retirando los rastros de jabón de sus ojos.
– ¡Shhh! ¡No grites! – respondió una voz aguda, que provenía de una sombra apostada sobre la puerta del baño.
– ¿Grace? ¿Qué haces aquí? –
– Nada, quería usar el baño –
– Pero ahorita estoy ocupado, en un momento salgo y entras tú, me termino de lavar la cara y listo-
– No aguanto, Leíto, me meo… Sigue lavándote la cara no más ¡pero no voltees! No seas bandido… –
– Ya, ya, entra pues, igual ya casi acabo –

Leonardo seguía el ritmo con el que las paredes del baño vibraban, mientras se secaba la cara. La fiesta de despedida de Gerardo estaba en su punto más alto.

Leonardo y Gerardo acababan de graduarse de la Universidad en diciembre, y éste último se alistaba para seguir sus estudios en Brasil, por lo que estaba ofreciendo una gran fiesta de despedida. Entre todos los invitados, Grace Olaza -prima de Gerardo- se robaba el protagonismo por el vestido negro tan escotado que llevaba. Era muy guapa, tenía los cabellos castaños medianamente ondulados, sus ojos intensos eran capaces de blandir el metal más duro y su sonrisa infinita había logrado enamorar hasta al más centrado compañero de Gerardo. Ella era pureza y adicción. Grace y sus 18 primaveras apenas cumplidas tenían esa inocencia infantil en la mirada, combinada con la determinación de una mujer que sabe lo que quiere.

– No te vayas a quedar dormida ahí, me regreso al tono… – dijo Leo, mientras le salpicaba las manos encima de la cabeza gacha de Grace y se volvió hacia la puerta.
– Espera, no te vayas – dijo, acomodándose las piernas en el vestido. – ¿ Y ese milagro que dejan libre a Leonardo Correa? – preguntó, mientras jugaba con la barbilla de Leo.

Soltó una risa algo nerviosa.

– Mariana está enferma y no pudo venir, pero sabe que Gerardo es como mi hermano así que no podía faltar-
– Uhmm, pobrecito, entonces te dejaron solito… – dijo, cruzando sus brazos sobre el cuello de él.
– Hey, cuidado, no hagas eso- dijo, separándose hasta que tener la espalda contra la puerta de madera.
– Ja, no te asustes, monse, estoy jugando… ¿O me tienes miedo? –
– Mira, creo que ya has tomado mucho y éstas borracha, mejor vamos a la fiesta, sino va a venir tu primo y va a pensar huevadas-
– ¿Que hablas? Él no piensa nada oye, además ahorita debe estar afanando a alguna horrorosa de esas que traen ustedes-
– Como sea, Grace, mejor vamos…-

Ella detuvo sus labios con un dedo y se volvió a hacia Leo, esta vez tan cerca que los dos sentían el sabor a Halls de mora que tenía Grace en los labios.

– ¿A qué le huyes Leíto? ¿Que tu enamoradita se entere que estás en un baño conmigo a solas?- dijo, tomando del cinturón a Leonardo.
– Mira niña, no sé cuál sea tu rollo, pero conmigo pierdes… Anda a calentar a los chibolos de tu promo- reclamó, cogiendo de las muñecas a Grace.
– ¡Oh, había olvidado que tú eras el “novio perfecto”!-
– Te jode porque Darío no te hace detalles, ¿no?… Y sí, Mariana y yo somos novios, nos vamos a casar-
– Te equivocas baby, Darío se caga por mí, hace cualquier cosa que yo le pido… Pero no busco eso en un chico-
-¿Ah sí? ¿Entonces porqué sigues con él?-
– Porque todavía no he conseguido lo que quiero… Y una no se puede dar el lujo de estar sola hasta no tener algo seguro. Ay, Leíto, te falta ah-
– Pobre Darío, no se merece eso-
– Él me rogó para estar y acepté, así que cuando lo deje también deberá tomarlo tranquilito…-
– No sé qué sea lo que busques, pero ojalá lo encuentres y dejes de jugar con la gente. Me voy a la fiesta-
– Tú no te vas a ningún lado- dijo Grace, interponiéndose entre la puerta y Leo, con mirada juguetona.
– Grace, déjame salir por favor-
– Primero déjame darte un beso-
– ¡¿Qué?! ¡Estás loca! Voy a llamar a tu primo para que te recoja, ya estás de más, flaca…-
– Cobarde… Te mueres de miedo de estar con una mujer de verdad-
– Piensa lo que quieras, mocosa de mierda- dijo Leo, marcando el número de Gerardo. – ¡Oye qué haces!- dijo, cuando Grace le arrebató el celular y se lo puso en el busto del vestido.
– Sácalo de ahí y es tuyo-
– Mira chibola, ya me llegaste…-
– Me gustas mucho Leo-
– Estás borracha, no sabes lo que dices, ¡dame mi celular!-
– Yo sé qué también te gusto. Desde que nos presentaron lo sé, pero te da roche dejar a Mariana por mí… ¿no es así?-
– Estás delirando Grace, por eso no me gusta que vengan chibolos a nuestras fiestas-
– ¡Niégalo a ver!-
– Grace, siempre me caíste super chévere, me pareces una chica bien bacan, eres muy guapa, pero nada más, solo somos amigos-
– Mentiroso. Yo te gusto y sé que puedo hacer que dejes a Mariana- dijo, Grace, bajando los ojos a media asta.
– Eres una cojuda…-
– Sí Leo, pero me gustas demasiado-

No pudo sentir cuando su cabeza chocó contra la pared. No sabía dónde estaba, ni por qué estaba haciendo ello. Leonardo cogía los cabellos dorados de Grace mientras se besaban apasionadamente y lo único que podía sentir en el universo era la respiración de aquella mujer disfrazada de niña. Grace lo llevaba al cielo cada vez que lo miraba, con agitación, mientras acariciaba su mejilla, y lo devolvía al infierno cuando abría las puertas de sus labios.
Las manos de Leo no terminaban de descubrir los confines del paraíso, cuando sintieron el vibrar del celular en el pecho de Grace.

– No contestes- dijo Grace, mordiéndole la boca a Leo.
– Déjame ver quién es- dijo Leo, respirando el mismo aire que ella.- Carajo, es tu primo-
– No contestes, sigue mi amor-
– Porqué me gusta tanto cómo besas-
– Porque tu necesitas una mujer de verdad, ah, me deseas Leíto-
– Sí, pero esto no está bien-
– ¿Para quién? A mí me encantas…-
– Tenemos parejas…-
– A la mierda con ellos, podemos ser felices los dos, Leo, te amo-
– No puedo hacerle esto, pero me gustas un huevo, nunca había besado así, Grace-
– No pienses en eso, vive el momento-
– ¿Cómo haces para no tener remordimiento?-
– Alguna vez también viví el amor, Leo, pero cuando Joaquín me dejó aprendí algo muy importante…-
– ¿Qué?-
– Que el amor, por más que lo quieras, no tiene dueño.

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—————————Fin——————————-

La banda sonora de esta historia es: The less I know the better

El beso de cristal.

Siempre he escuchado que las primeras veces son traumáticas pero para mí fue una de las experiencias más geniales de toda mi vida. No amigo pulpín, esta no es una crónica de esas que lees disimuladamente en ElMatadero los quioscos mientras esperas la Evifasa. Estoy hablando de mi primer beso. El primerito.

No sé si les haya pasado, pero sucedía en esa transición entre la primaria y la secundaria que a toda la generación noventera -los últimos que hemos tenido infancia- se nos daba por jugar a la botella borracha para ganarnos con los primeros chapes de las parejitas del cole. Esa era la palomillada más grande de la vida. Porque sí o no que nuestras fiestas semáforo eran con El Baile del Gorila y La Mayonesa, bailando todos en una larga fila dándole la espalda a nuestras mamás. Y cuando la fiesta ya estaba en muere (osea, cuando pasaban la papa a la huancaína), aprovechábamos para irnos a algún lugar medio caleta de la jato para jugar con la perniciosa botellita de coca-cola. Pendejazos. Y así era como los pipiolos aprendían a besar. Bueno, no todos. Los que se chaparon a la amiguita bonita del inicial, ya para el sexto de primaria tenían un nivel de promiscuidad inalcanzable.

Porque, ¿quién no ha tenido esos besos a escondidas en el colegio? Sí, adivinaron.

El mío fue en público, delante de mi mamá y, por si fuera poco, delante del enamorado de la chica a la que besé. #EpicWin!

Corría el tercer año de secundaria (sí carajo, a los catorce años, do you have any problem with that?), me acababa de cambiar de colegio y para mi buena suerte, el concurso de teatro del colegio supuso un casting para la obra que mi salón tenía que preparar. Me presenté al casting y, contra todo pronóstico, quedé. Para ser sincero, fui únicamente porque quería hacerle el habla a una chica del salón y esa era una excelente oportunidad. Y así, sin saber leer ni escribir -ni besar-, regresé a mi casa con un pliego de hojas que serían el guión que debía aprender. Desde ese entonces iba a encarnar a Jim O’Connor, el galán venido a menos que aparece en la obra El Zoológico de Cristal de Tennesse Williams (está de más decirles que DEBEN leerla, ¿verdad?).

Ironías de la vida, me tocaba representar al clásico estereotipo de chico popular en gringolandia: capitán del equipo de fútbol americano, estrella del coro del colegio, el patita que sale con la más blonde de todas las porristas y demás cosas que ustedes ya saben por tantas series que hemos visto hasta este punto. Y, aunque yo no era en extremo lo contrario, ni por joder llegaba a ese nivel de ganador. Yo era un chico promedio del colegio, medio conocido, a veces gracioso, pero nada más. Jim O’Connor era exactamente el ejemplo de lo que yo no quería ser en el colegio. Y ese ha sido el mayor reto actoral de mi vida (como si hubiera actuado uffff ¿no?). En serio, Era un reto de verdad, no como lo que le pasa Anahí de Cárdenas cuando la llaman para actuar de Anahí de Cárdenas en todas las fucking películas peruanas con ‘pitucos serfers‘, hartos drogadictos y sexo indiscriminado.

Hasta ahí todo bien. El problema vino cuando descubrí que mi personaje tenía que besar a Laura. Y yo no había besado nunca a nadie. Caí en pánico de imaginar el roche que supondría que mis compañeras se enteren de eso (ustedes, amigas mías, me entienden). Peor aún, ¡que la chica que me gustaba presenciara eso! #OhGodWhy?

Bien, tocó el primer ensayo y la presentación de los actores y su respectivo personaje. Yo, en un ajuste más bravo que el que haces cuando tu flaca te pide el celular, estaba haciendo fuerza para que el personaje de Laura lo eliminen o algo así, pero obviamente ello era imposible. Hasta que mi tutora llamó a quien iba a hacer el papel de Laura: Ángela Escalante, la chica más bonita de todo el colegio. Cuando la llamaron al frente y todos supieron que ella iba a ser la persona a quien iba yo a besar en la obra (porque repartieron el guión for everybody), todos mis compañeros me hicieron un apanado por lo lechero que era. En parte me sentía extasiado porque del anonimato ecuánime pasé a ser una especie de Giovanni Ciccia (#IfYouKnowWhatIMean) de la secundaria; pero por otro lado, el pánico y la vergüenza que pasaría cuando Ángela descubriera que yo no sabía cómo besar. Malísimo.

Y así pasaron los ensayos y los días, mientras yo practicaba inútilmente en mi casa con naranjas y esas cosas, pero mientras más pensaba en ello con más ganas me frustraba. Incluso estuve a punto de decirle a una chica ‘para estar’ sólo para aprender cómo rayos era eso de juntar los labios a los de otra persona. Hasta buscaba capítulos de novelas en youtube para intentar descifrar el “truquito” ese del beso perfecto, pero nada, todo era un plomazo. Y ya tenía catorce años. Y hasta los pubertos de primero de secundaria me pasaban la voz, como si fuera una suerte de héroe popular por el papel que iba a hacer en el concurso de teatro. Si hubieran sabido que no tenía la más mínima idea de qué hacer y que pensaba renunciar a mi papel o, en todo caso, intercambiarlo con el de otro amigo, el poco respeto que me estaban empezando a tener se hubiera convertido en el rechazo general y la primera gran sospecha de una homosexualidad caleta. Como me dijo Rodrigo Campos, una vez en el baño de hombres:

“- ¿Oe estás huevón, cómo es eso que no te quieres agarrar a Angelita, si todo el cole está detrás de ella?-
– No puedo bro, en serio. La voy a fregar y la obra va a salir mal, encima la tutora me va a gritar, está loca.-
– ¡Qué hablas oe!, si yo estuviera en tu lugar aprovecharía más bien, si Ángela es un bombón. Más bien, le diría a la miss para faltar a clases con Angelita y practicar harto.-
– Sí, yo lo sé, pero no puedo. Si quieres le digo a la tutora para cambiar de papel contigo, todavía estamos a tiempo.-
– ¿En serio? ¡te debería la vida!.. pero, ¿por qué no quieres? No me digas que se te chorrea el helado…-
– Sal de acá cabro, si tu sabes que yo estoy templadazo de Claudia, encima ella también está en la obra… pero no es por ello, en realidad no puedo hacer ese papel.-
– ¿Pero por qué huevas? ¿Acaso eres Mormón, Adventista, Testigo o algo de eso que te prohíben besar chicas? –
– Bueno fuera, pero no, nada de eso. Te voy a decir la verdad: nunca he besado a nadie-
– ¡Qué! ¿Cómo que nunca? Oe en serio que ya me estás preocupando, yo tengo amigos hombres no más te digo.-
– Carajo, es en serio. Nunca he tenido enamorada. Nunca he besado a nadie y me cago de miedo.-
– Asu. Bueno… te creo. Pero eso sí te digo, quédate con el papel huevón, esta oportunidad es de oro, tío, vas a ver… Vas a ser el héroe de todos los que se arrastran por Angelita.-”

Como lo supuse, todos los ensayos de la bendita escena del beso fueron las vergüenzas más grandes que he tenido que soportar en toda mi vida. Desde un: “JuanDavid, ¿hasta qué hora hijo?”, pasando por un: “¡Qué! ¿Cómo que no sabes besar, muchachito?” hasta un: “Oye carajo, vas a besar a Ángela porque tenemos que avanzar con la obra y ya no tengo tiempo para cambiarte por otro, ¿entendiste?”, las palabras de cálido aliento de mi querida tutora. El profesor de teatro se terminó de rendir luego de explicarme las diferentes técnicas del beso de mentirita de las novelas mexicanas y no encontrar resultado alguno conmigo. Sencillamente no me salía. Era tímido pues.

Encima estaba perdido por todos lados: por una parte, las amenazas de muerte de mi tutora si no ganábamos el concurso, por otro lado, el roche que pasaba a diario ante mis compañeros cuando veían que no podía besar a la chica más linda del colegio, sumado a las risas burlonas de Claudia -la chica que me gustaba- quien parecía deleitarse con mis torpezas al cogerle el rostro a Ángela, y por último, que mis mejores amigos digan que mejor pongan a un chico a ver si así me soltaba mejor. Mi reputación social estaba llegando al centro de la Tierra. Y yo seguía sin aprender cómo rayos era dar un simple beso.

Y llegó el día del concurso. El patio del colegio abarrotado de gente como siempre ocurría en cada Concurso de Teatro. Nos tocó salir primeros. Las buenas vibras y la mucha mierda antes de salir a escena. Todo estaba preparado al milímetro para ganar. Todo excepto la escena del beso. Luego de ene intentos fallidos, quedamos con el profesor y mi tutora en que sería un beso en la mejilla (pero mejilla con boca, medialuna, ¡¡¡que se vea!!!). Hasta que me tocó entrar a escena. Y como en los ensayos, hice toda la parte previa muy de putamadre (humildad, ven a mí!).

Y llegó el momento. Se apagaron las luces. Laura y Jim salen de escena mientras se ambienta el escenario. Diez segundos para volver. Mi concentración estaba al tope para no olvidarme ni una sola letra del guión y al mismo tiempo repetirme: “mano izquierda debajo de oreja derecha, mano izquierda debajo de oreja derecha…“, hasta que Ángela se volteó hacia mí y me dijo, cogiéndome fuerte de las muñecas:

“- JuanDavid, vamos con todo esta vez, ¿sí? Recuerda, con T-O-D-O, tenemos que ganar-”

Y en ese instante sentí cómo perdía todas las fuerzas en las rodillas y mi cerebro olvidaba absolutamente todo lo aprendido. Ángela quería que haga un gran esfuerzo y la bese de verdad. Quizá de eso no dependía que ganásemos, total, era una escena más, pero tantas tardes invertidas y tanto esfuerzo no podía echarse a perder porque yo no supiera cómo besar. Regresamos a escena y siguiendo con la trama de la historia, la cogí de la cintura, empezamos a bailar, dimos unas vueltas, la sostuve entre mis brazos, nuestros rostros se juntaron… y finalmente, la besé.

No sé cuánto duró. Quizá fue sólo un segundo. Pero para mí fue como media hora. ¡Era el primer beso de mi vida! (#FeelLikeARockStar)

Recuerdo que el público hizo una exclamación algo rara al vernos, todos los padres, profesores y los esposos que dirigían el colegio vieron eso. Nuestros compañeros hicieron un gemido coral. Mi corazón estaba del tamaño de una sandía. Olvidé todo en ese instante, mi nombre, mi personaje, mis líneas, dónde estaba, quién era yo y por qué estaba tan emocionado.
Al momento tenía que hacer un acto de contrición, porque así lo pedía el guión. Terminé improvisando con más descaro que en mis projects del Icpna. Para mi suerte nadie se dio cuenta. Terminó la obra y con ello el suplicio de tantas semanas. Yo seguía caminando en el aire, claro. Pero debía cambiarme y quitarme el maquillaje. Mi tutora me felicitó, me dio un gran abrazo y me dijo que le sorprendió mucho mi atrevimiento, atiné a dar una sonrisa nerviosa, porque no sabía bien lo que estaba ocurriendo a mi alrededor. Estaba algo así como cuando la niña Patty le daba un beso en la mejilla al Chavo. Tal cual.

En eso, de los muchos abrazos que nos dábamos entre todos por lo bien que había resultado la obra, Ángela se acercó y con gran emoción me dijo:

“- ¿Ves que sí pudiste? ¡Salió muy bien todo! ¡Actuaste muy bien! –
– Gracias a ti. De verdad. Si no fuera por ti todo hubiera salido mal. ¡Muchas gracias Angelita! -”

Cuando la velada terminó y yo todavía no terminaba de recibir los abrazos de mis amigos (y de sus padres, claro) por lo épico que terminó siendo todo, vi venir al enamorado de Ángela en dirección a mí, y cuando yo ya tenía preparadas en la punta de la lengua las disculpas y justificaciones por el beso a su enamorada, se me adelantó y me dio una palmada en el hombro: “actuaste bien brother, sobrado ganan ah!”.

No recuerdo otra ocasión en la que todo me haya salido tan bien.

Al día siguiente nos enteramos que quedamos en segundo puesto. Lamentablemente, el jurado valoró más la obra de corte contemporáneo que presentó la promoción de ese año. Pero lejos de desanimarnos, nos quedamos tranquilos porque sabíamos que fuimos los mejores por mucha diferencia. Y yo ya había pasado por mi primer beso.

Laura, observando la pieza favorita de su colección, el unicornio.

Laura, observando la pieza favorita de su colección, el unicornio, que era tan especial y bello como ella.


Esa fue la historia del primer beso de mi vida. Que seguramente no es la más sui generis, pero es una experiencia que llevaré conmigo para siempre. Por cierto, luego de terminar la secundaria nunca volví a saber nada de la vida de Ángela, la chica de figura esbelta, cabellos castaños y sonrisa perfecta que hacía honor a su nombre: era un ángel por dentro y por fuera.

Curiosamente, luego descubrí que ella tenía una cuota sorprendente de timidez. No usa redes sociales. Ni facebook, ni Twitter ni Instagram. Quizá porque adora su privacidad y prefiere compartir las experiencias de su vida alejada de una computadora. Quizá nunca lea esto. Tal vez ni siquiera lo recuerde, o quizá sí.

De todas maneras, espero que donde se encuentre, esté muy feliz y que todo le vaya bien. Y ojalá siga conservando esa sonrisa tan perfecta que enamoraba a todo el colegio, después de todo: ¿a quién no le gustaba Angelita?

¿Y ustedes, recuerdan cómo fue su primer beso? Compártanlo! Probablemente lo recuerden como yo, con una sonrisa.

Usted es bienvenid@. Llévese todo de este sitio.

Aquí comienza todo. Bienvenid@ amigo-amiga que cayó por casualidad en esta página.

Sí, ya sé que debes estar dudando de mi nivel de originalidad por el nombre del blog. Si es así, déjame decirte que estás en lo cierto (!). Y mi primera confesión es que le puse este nombre porque es una de las canciones en español con las que me identifico más: Lunes por la madrugada – Abuelos de la Nada.

Pero bueno, volvamos. ¡Sean todos ustedes bienvenidos! Y al contrario de lo que dicen los stickers de los taxis piratas de Lima, usted es bienvenido y sí puede llevarse todo de este sitio. De hecho, lo que estará escrito por aquí no sólo me pertenece a mí sino a las personas que pasaron, pasan y pasarán por esta tómbola que es mi vida.

Este blog nace porque mi muro de facebook ya no alcanza ya es tiempo de ponerle orden a mi vida. Bah! a quién quiero engañar, lo hago porque me gusta leer y escribir, pero más hablar. En realidad lo hago por pedido de una gran masa de personas (tantos como los votantes del FREPAP), léase: mi viejita y los dos patas a los que les pongo las chelas los fines de semana. La motivación que tengo es increíble. Una vez un amigo de la universidad intentó hacerme un cumplido(?) que paso a relatar:

“- Oye bro, la verdad que me gusta cómo escribes. Tienes talento ahhh…-
– Bueno, gracias elnombrevaaquí, por leerme. Qué bueno que te guste lo que escribo en mi facebook.
– Sí compadre, buenísimo. Alucina que gracias a ti ahora ya no siento el viaje en el Metropolitano desde Naranjal a Canaval y Moreyra en las mañanas- (AreYouFuckingKiddingMe?)
– Ah, ya, chévere doctor…- ”

Sin querer queriendo, me convertí en el acompañante viajero de mis patas que van en el Metropolitano a su chamba. Bueno, algo es algo. Claro, eso no me acerca ni una millonésima de centímetro al Nobel de Literatura, pero que te den las gracias por despacharte en el facebook es algo que motiva. También están los otros buenos amigos(!) que pretenden descubrir mi vocación y me piden que por el bien de todos mi bien deje la Ingeniería de Sistemas y me ponga a escribir. A todos ellos, mi más sincero cariño. Y que dios les dé el doble y también doblada.

ByTheWay, como podrás haber notado, este blog no tiene aspiraciones serias #bitchplease (¿quién carajo empieza algo sin pensar en grande?) sino nada más que divertir y ser un medio de descarga emocional. Para ti y para mí. Me gusta contar historias y el mejor momento para escribirlas son los lunes de madrugada. Al menos hasta que me mude o empiece a practicar (?).

Y ahora que ya #ManyasAlucinaTipoQueHuevonaaaMeEntiendes el sentido del blog, siéntete como en casa. Aquí encontrarás historias de todo tipo: policiales, drama, comedia, nostalgia y por supuesto: de amor y desamor. No soy un gurú en ninguno de los temas, pero pasar mi cumpleaños N°18 en una comisaría, intentar eliminarme, reírme de mí mismo, extrañar a gente que ya se fue, amar hasta temblar de emoción y pegar llorando los mil pedazos de mi corazón, me acercan a cada uno de los temas que aquí te voy a contar.

Gracias por estar aquí. Y porfas, si leen algo que no les gusta, pueden irse directo a la puta que los parió al buzón de reclamaciones.

¡Vuelvan pronto, que la publicidad que pondré necesita sus clicks! Besos y abrazos.

¡La fe del hincha se demuestra apostándole a Perú bitches!

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